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Gestoras Culturales: el amor desde el Gran Canal al Río Suquía

por Flor Gauna para la columna ECLOSIÓN de capital Creativo en aymag.com

Octubre 2021 - día de la gestión cultural

Peggy Guggenheim fue una diferente. No sólo una adelantada o visionaria, sino especialmente un ser libre y por sobre todo valiente y comprometido. Tres atributos ADN de las gestoras culturales de la latitud de que se trate; en Latinoamérica eso crece, en Argentina se multiplica, en Córdoba te arremete como una topadora.

Octubre es el mes de la Gestión Cultural y nos permitimos proponer un juego caprichoso y sin reglas en el que nos adentramos en la vida y los GESTOS de un personaje cautivante de la historia y lo atravesamos por los pensamientos de personas del hacer cultural de nuestra ciudad. ¿Porque sí? puede ser, pero sobre todo porque el afecto y la pasión nos unen como un hilo dorado que borda en letras mayúsculas y orgullosas SOMOS GESTORAS CULTURALES.




Aunque Wikipedia la describe como coleccionista y mecenas del arte, Peggy (Nueva York, 26 de agosto de 1898 - Padua, 23 de diciembre de 1979) presenta además el perfil de Gestora Cultural que nos conmueve. De vida suelta, determinante y arriesgada, se dedicó a echar luz sobre artistas y lanzar su obra al mundo con gestos concretos y apuestas inciertas.


Desde Venecia, con amor

La gestión cultural es como enamorarse; los proyectos y desafíos creativos nos dan ilusiones, ocupan nuestra mente febril en noches de insomnio y nos obsesionan con la concreción. Al llegar, puede que pierdan la perfección que conservaba el habitar sólo nuestras fantasías, o bien, volvernos adictas a ese revolcón y necesitar mucho más, una y otra vez. Muchas veces, suceden ambas cosas.

Así Peggy, como buena gestora, se enamoró, obsesionó y fue hasta el final con su empresa; se ocupó, lista en mano -como una wish list de piezas de arte- de comprar una obra por día en plena ocupación nazi -así fueron parte de ella y de su colección para siempre Picasso, Matisse, Braque, Miró, Dalí, entre otros-, señaló, visibilizó y acunó piezas, creaciones, procesos creativos.



Florencia Magaril (gestora y productora cultural, directora del Centro Cultural España-Córdoba ) reconoce esa fibra amorosa de las gestoras y su misión (¿o será una especial cualidad?): imprimir todas las iniciativas y procesos de creación y gestión desde el cuidado a la otredad, a la obra, a los procesos, a los equipos; la gestación de proyectos plurales, diversos, respetuosos e incluso celebrativos de las diferencias. Procesos amorosos y el desafío de contagiar un modelo serían, desde su mirada, la gesta de las profesionales del ámbito hoy y en el futuro.

En la vida de Peggy también hubo otros amores, bastantes conocidos y peculiares, por cierto: Laurence Vail, John Holms, Garman, Max Ernst, Samuel Becket, pero ya aprendimos que eso es lo de menos. Lo relevante de su experiencia con ellos es que la excitación corporal y mental que en esos encuentros la cautivaban, también caracterizaron la relación con sus proyectos artísticos y culturales. Cada artista, cada obra, cada nuevo emprendimiento encendían una llama que no se apagaba hasta que su cometido salía a la luz, y aunque tuvo grandes asesores de la talla de Marcel Duchamp, Jean Cocteau y el crítico Herbert Read, su libertad y pulsión interna para tomar las decisiones y elegir los señalamientos a realizar eran la última palabra en cada caso.



El arte de señalar.

La fibra de la creatividad corría por las venas de Peggy; de familia de mecenas, su tío Solomon R. Guggenheim, coleccionista y filántropo, forjó el imperio al frente de la renombrada cadena de museos, mientras que su padre, Benjamin, murió en la tragedia del Titanic con un boceto de las Señoritas de Avignon de Picasso en su equipaje. Como sea, la labor de la protagonista no sólo se trató de un buen ojo y timming perfecto para la compra de piezas de arte; más bien, toda su historia se vió atravesada por la idea de señalamientos y puentes. Peggy, antes de concebir su museo, fundó y dirigió dos galerías de arte, una en Londres (la Guggenheim Jeune en 1938) y más tarde otra en Nueva York (Art of this Century en 1945); estas apuestas implicaron la conexión de dos mundos, la visibilidad de artistas jóvenes, extranjeros y arriesgados en cada latitud y el encuentro del Surrealismo europeo con las escuelas jóvenes de Nueva York, dando paso al surgimiento y desarrollo del Expresionismo Abstracto. Más allá de la historia y en concreto, sus aportes también salvaron vidas de artistas sacándolos del conflicto de guerra europeo e incluso sosteniendo de por vida a muchos de ellos. El caso de Pollock es una muestra de ello: no sólo lo “descubrió”, sino también le dio lugar en su galería de manera sostenida y arriesgada, le asignó una mesada por dos años para que se dedicara a producir e incluso le ayudó a comprar una casa en el campo para , en sus propias palabras, “alejarlo de su autodestrucción".



Al volver a Europa en 1947, se instala con su colección en el Palazzo Venier dei Leoni de Venecia- actual Museo Peggy Guggenheim- y dispone la misma para la primera versión de posguerra de la Bienal de Arte. La presencia de su colección sin duda ayudó a cimentar a Venecia como un centro de arte moderno y contemporáneo. Mirando hacia atrás los hitos de su historia podemos asegurar que Peggy fue una agente de cambio.

Para Evelin Mellano, gestora y productora cultural (Fundación Red de Gestoras Culturales, Espacio 75, Radio Bicicleta), el reconocerse puente, precursoras de cambios en las escenas en las actuamos, constructoras de redes, constituye el mayor desafìo hoy para quienes comparten la profesión. “Estamos constantemente realizando conexiones, relaciones y movimientos con nuestras elecciones y labor de todos los días, somos el puente que conecta a creadores, creadoras y los públicos” . Por su lado, para Moriana Abraham, referente del diseño y sus intersticios con la cultura y la sustentabilidad, la presencia de gestoras en las direcciones de las principales organizaciones culturales de la ciudad y ciudades vecinas, auspicia una mirada y tratamiento de temas del ámbito creativo más inclusiva, afectuosa, contemporánea y también determinante y aguerrida; aspectos fundamentales hoy (y siempre). Una clave a lo Peggy: habitar los espacios, hacer las conexiones, no darse por vencidas, señalar lo que la pulsión nos dicta.


Somos lo que hacemos

“Tenemos una responsabilidad”, sostiene Karina Frías, y pareciera que es gestora, productora y docente desde siempre (entre otros proyectos que lidera, lleva adelante la Red de Gestión Cultural Pública de Córdoba). “Militar una mirada humanizante en cada iniciativa que tomamos y contagiar a las nuevas generaciones de gestoras y gestores culturales de esa forma de hacer, es nuestro legado”, completa.

En sus últimos días, a Peggy la aterroriza el destino final de la colección tras su partida, y la certeza de que su legado será desmembrado y vendido por separado. Tras sortear los intentos de cobijo de la Tate Gallery londinense, el gobierno italiano y el Louvre, cede su acervo a la Fundación de su tío Solomon Guggenheim y el mismo se mantiene intacto hasta hoy en su Palacio - Museo veneciano, con un lugar especial para ella y sus 14 perros custodiando desde una esquina la evidencia física de toda una vida de gestar y señalar.

Y es que en el final (y también en el mientras tanto aunque no siempre seamos conscientes de ello), después de todo, somos eso: las elecciones que tomamos, los procesos que ayudamos a desarrollarse, los equipos que conformamos, lo que no negociamos, los proyectos que impulsamos, las iniciativas que parimos. Todos ellos habitan dentro de cada gestora cultural y nos constituyen para siempre, inseparables y un todo como cada pieza de la colección de Peggy Guggenheim.



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